25 inviernos en las costillas

La vida se me ha ido más rápido de lo que se bebe un shot de pitorro. Los veinticinco me han venido como tres tazas de café cubano… Dulce, cargado y a su vez amargo; pero de esas que despiertan. Han pasado 100 estaciones en un abrir y cerrar de ojos y ya ni me enferma el cambio en temperatura aunque 92 de ellas fueron en mi isla donde se suda todos los días del año. Por cosas del destino tuve que tirar para el norte a la nación americana. Y ahí es que te das cuenta que nada pasa hasta que todo sucede. De ahí en adelante los días son una batalla constante de romper con la inercia. ¿Cómo fue que llegué aquí? ¿Cómo es que tomé un boleto de ida y no comprado el de vuelta? Todos los libros que dejé allí. He comprado nuevos para rellenar mi librero, si los juntara todos tendría una biblioteca por apartamento y quizás sería feliz. Dejé tanta ropa que no me cabía en la maleta que total, ya ni me sirve. Todo en casa de la abuela. Pasaron años, libras demás, depresiones horribles, un purgatorio mental, para llegar a una etapa de renacimiento, de innovación, de reinventarse. Porque no puedo ser lo que era, porque ya no soy la que era, por lo que quiero llegar a ser. El tiempo pasaba y yo vivía añorando el pasado, fuera del presente y sin conjugar para un futuro. ¿Son veintipocos o veintitantos a esta edad? No importa tengo todo un año para ser arbitraría. Sólo sé que lucharé con todas mis ganas para que este año no sea igual. Marwan dijo “Porque el error está en querer mirar el ayer con los ojos de hoy, querer que las cosas vuelvan a ser igual cuando ya ni tú eres el mismo.” Y según Eduardo Galeano somos lo que hacemos para cambiar lo que somos; de modo que así estoy yo, a punto de flocerecer nuevamente, en ese pequeño intermedio de estallar, en este frío invierno de emociones y pensamientos, a punto de en este cuarto de vida de luz y sombras…

Escritos y pensamientos

Gabriela Christina Díaz View All →

Nacida en Puerto Rico, pero soy ciudadana del Mundo. Escribo para vaciar el ruido de mi mente y me llena el corazón que alguien le toque de alguna forma lo que escribo. Pues de nada me sirve escribir si lo que escribo no conmueve un alma. No escribo muchas paradojas porque yo soy la paradoja en sí. Soy un poco controversial en mi manera de expresarme, pero escribo y me expreso de una forma transparente, desde lo más sincero de mis adentros.

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