¿Hasta cuándo aliviar en colchones ajenos nuestros fracasos propios?

Si mis padres leen este escrito espero que se hayan tomado sus medicamentos de la presión. Si mi abuela lee este escrito, solicito donativos para un nuevo marcapaso… El resto del mundo no me importa… ¿Por qué si a veces no me importa ni mi opinión?

El punto es que aunque ya para el día de hoy se han controlado esos impulsos animales salvajes provocados por un alto libido y la Afrodita que vive en mí; ya he vivido de todo. Pero me apena ver lo que sufren otros por tratar de rellenarse como donas andantes ese vacío con sexo insignificante. Me falta mucho por madurar, pero jamás pensé que un vibrador fuera la respuesta a esa insaciable necesidad. Lo cierto es que todavía busco la validación de un hombre cuando lo provoco, lo enciendo y me toca apagar el fuego.

Pero hay que estar claros de toda la energía que se transfiere en la sexualidad. Hablo de aquél tipo del bar que te llamó la atención y cuando despiertas no puedes tener ni un tema de conversación con la persona. Hablo de la muchacha de las calles San Sebastián que dejaste quedarse en tu apartamento y todavía estas mirando la hora por la mañana para que se levante y se vaya e irte tú a vacilar con tus amigos. Soy celosa con mi colchón, porque ese olor, esa esencia de la persona con quien sostuviste relaciones la noche anterior se pega a la ropa de cama y está cabrón lavarla cada vez que echas un polvo. Soy celosa con mi colchón porque aunque mi sexo es fácil de despertar, a mi intimidad muy pocos logran llegar. Prefiero que se queden en el sofá. Es que es tan sencillo querer acostarse con una persona, pero seamos sinceros… ¿Con cuántas han querido despertar?

Desde que tengo mi apartamento, mi propio espacio, en donde sostengo una intimidad con mi soledad, he aprendido a no andar de estadía o ésta-noche con cualquier pendejo que me ofrezca techo y cama donde pasar la resaca. En mi cama me siento libre de todo prejuicio y pecado aunque no este salvo de los que cometo en ella. Qué horrible es esa sensación de cuando ya todo terminó no poder dormir porque no te sientes cómoda, aún cuando te bajaste tres botellas de ron esa noche. Creo que por eso me recetan Ambien, porque se me hace imposible dormir con una persona por la cual no sienta ningún tipo de afecto.

Y es ahí cuando debemos preguntarnos, estas abriendo las piernas porque quieres y lo deseas desde tu interior o porque piensas que es una forma de sanación. ¿Qué le sigue después del orgasmo? Y si eres mujer probablemente mejor te pregunto: ¿Qué le sigue después que él se venga? Ya se acabó el break del Netflix & Chill. ¿Qué vas hacer si dejas tus panties favoritos en el apartamento de un tipo que no quieres volver a ver? Llegó un momento en mi vida donde mandé a la verga eso de comprar panties caros de tantos que dejaba en un arranque de una noche.

¿Dónde quedaron las caricias? Y a mí no me gusta que me toquen a menos que el afecto sea mutuo… Así que sí se convierte en un sexo que te deja más vacío de lo que llegaste.

Así que ahora me pregunto… ¿Este tipo valdrá la pena compartir mi espacio personal con él? ¿Tendré de qué hablar al despertar? Porque al final, jamás y nunca será lo mismo compartir un trago con una persona, a compartir el café de la mañana.

“Los seres humanos tienen facultades más elevadas que los apetitos animales y, una vez se han hecho conscientes de ellas, no consideran como felicidad nada que no incluya su satisfacción.”
– 
Stuart Mill ǁ El Utilitarismo y el Principio de Mayor Felicidad

Escritos y pensamientos

Gabriela Christina Díaz View All →

Nacida en Puerto Rico, pero soy ciudadana del Mundo. Escribo para vaciar el ruido de mi mente y me llena el corazón que alguien le toque de alguna forma lo que escribo. Pues de nada me sirve escribir si lo que escribo no conmueve un alma. No escribo muchas paradojas porque yo soy la paradoja en sí. Soy un poco controversial en mi manera de expresarme, pero escribo y me expreso de una forma transparente, desde lo más sincero de mis adentros.

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