El crepúsculo de la hora azul y la muerte que rompe con la inercia serán fundamentales para tu definición como ser humano

Para los que desconocen el término “crepúsculo” el mismo significa ese estado de intervalo antes de la salida y después de la puesta del sol en donde el cielo se presenta iluminado. Minutos después podemos ver como cambian los colores anaranjados de la atmósfera y llega la “hora azul” mejor conocido en inglés “blue hour” donde todo el cielo se viste de azul tenue-oscuro. No es de día, pero tampoco es de noche. Este periodo dura unos veinte minutos. Por lo general durante la hora azul, es el tiempo en que pierdo la noción de la realidad pues es difícil distinguir lo que está pasando en ese momento presente, es triste normalmente al anochecer pues sabes que luego de eso le sigue la oscuridad de la noche y para muchos despierta sus pensamientos más oscuros.

Lo que muchos no observamos es que esto sucede dos veces en el día. Por lo general pasamos por alto la primera. La segunda vez, cuando viene el después de la puesta de sol, es la hora más horrible del mundo. Es el estado atmosférico suicida y catastrófico. En mí se despierta un tipo de lunática que se comporta acuerdo con las fases de la luna. Hace poco recordé que he pasado por esto antes. No es la primera vez que la noche se me vuelve un infierno mental, que la hora azul es un tipo de purgatorio espiritual. No es la primera vez que tengo un “fatal mental breakdown” y de los quinientos setenta y cinco que he tenido, al menos en cinco he podido levantarme y continuar mi vida exitosamente, pero como siempre que seguimos caminando nos arriesgamos a tropezar.

Por más de un año estuve en un estado de inercia constante, de un patrón autodestructivo repetitivo. Pero la inercia no es el estado natural de las cosas. Hay que sacar fuerzas de improvisto para romper con ellas, hay que sacar fuerzas a consciencia de las acciones que estás tomando y que estas acciones giren en torno a tu bienestar y felicidad a largo plazo. La euforia no es felicidad por más excitante que sea. Tengan claro que acudo al estado maniaco, eufórico para disfrazar el sufrimiento. Por mucho tiempo me he definido como un ser triste disfrazado por error de euforia. Pero definirse es limitarse. Para establecer quién soy era rotundamente necesario escribir un libro (el cual llevo a mitad) que decidí llamar “Seduciendo la locura”, el título salió de alguna de esas conversaciones profundas que vienen acompañadas de un whisky a la roca en un bar de mala muerte. Recuerdo exactamente que me preguntaron: “What you doing reading a book by yourself at this bar?” y respondí sin pensar “Flirting with my own madness…”. Esa conversación entera está en el libro y no es parte de este escrito, pero de ahí el origen. Volviendo al tema, luego de un tiempo escribiendo me di cuenta de quién soy, de mis experiencias de vida, de ésta locura caóticamente hermosa. Entonces llegó el punto en donde decidí romper con la inercia, reflexionar sobre mi persona, tomar consciencia de mis acciones. Soy una mujer con estudios en el campo de la ciencia y el pensamiento humano. *Dije “pensamiento”, no “comportamiento”*. O sea, hablo de la filosofía, no de la psicología. Quizás, no me sirva para nada estudiar química y filosofía, pero de algo estoy segura y es que me hace un ser humano mucho más íntegro y completo. El problema es que sé mucho y aplico mi conocimiento de una forma inconsistente.

Decidí luego de este último “mental breakdown” que es totalmente justo y necesario reinventarse. Pues si hay que vivir varias muertes para poder ser realizados, es cierto. Pero tenemos que llegar a nuestra propia época de Renacimiento. Dejar ir lo que ya se fue, dejar morir lo que está sentenciado, aceptar nuevas realidades, vivir otras vidas dejando atrás la anterior. No tomen por dejar atrás el olvido, sino tomando esa experiencia como una lección. Hacer exactamente lo que se hizo en la época del Renacimiento y tomar las viejas ideas, artes, etc y crear una nueva en base a ellas. Por mucho tiempo me había olvidado de mí. Llevo un tiempo buscando la persona que era. Pero me equivoqué en querer buscar la misma persona porque realmente no es lo que soy hoy. “El error está en mirar el ayer con los ojos de hoy. Querer que las cosas vuelvan a ser igual cuando tú ya no eres el mismo.” dijo Marwan. Se trata de buscar la esencia de la persona que un día fuiste que te trajo cosas positivas, que te regalo paz, recordar en qué radica tu felicidad. El sufrimiento es parte de la vida, es inevitable, el dolor siempre va a existir. Pero hay que dejar morir para dar paso al cambio de una vida nueva. El muerto que descanse en paz y amén. Quizás de tantas muertes que he tenido es que nace mi obsesión por la velas. Me recordé de mí y tomé del pasado lo que me trajo un bienestar. Volví a las letras. Volví a disfrutar el sabor amargo del café negro con tres de azúcar morena. Porque en cada sorbo reflexiono que aún en la amargura hay sabor, hay deleite, hay placer. Porque no hay nada que un café negro no pueda revivir. Dejé que nuevos libros me conmuevan. Tengo que obligarme a hacer cosas que antes no hacía para poder llegar a donde quiero llegar, pero eso es otra historia en la que estoy trabajando. Pero tomé esas partes de mí que eran la esencia de mi felicidad.

Todos los días son una batalla constante de romper con la inercia, de forzarme a hacer las cosas a consciencia y no por rutina, no porque alguien me obligue, no porque necesito más dinero, no porque tengo que completar un grado académico, no por hacer feliz a mis padres o a mi pareja, no por ser más “exitoso” que otro pues ese sentido de competencia es lo que hace de esta sociedad cada vez menos humana. Soy feliz mientras adquiera más que conocimiento, estoy en constante aprendizaje. Soy feliz sabiendo que haciendo las cosas de esta forma es el medio por el cual puedo alcanzar superarme. La filosofía Nietzscheana nos enseña que el ser humano es algo que debe ser superado constantemente. Esto implica trazarse metas y no parar cuando las alcances, esto implica reinventarse. No se vive para sobrevivir, se vive para aprender a ser feliz.

Para aprender a ser feliz hay que tomar la oscuridad, hay que enfrentar el crepúsculo, hay que enfrentar los miedos, hay hasta que aprender a disfrutar el sufrimiento porque al menos tienes algo por lo cual sufrir. Lo peor que puede pasar es la indiferencia emocional, la apatía o llegar el punto de vivir en modo automatizado. Hay gente que no se da cuenta que parecen “zombies” andantes, evaden sus muertes, lo oscuro, evaden la realidad del dolor. La oscuridad también puede ser bonita. Lo sucio también puede tener valor. Lo roto también puede ser una obra de arte. Hay personas que buscan algo perfecto como si en lo puro hay paz y belleza perfecta cuando no hay nada más lindo que el mestizaje. Porque nadie te va a querer más que cuando te adueñes de un perro sato. La impureza viene de afuera, la belleza viene de adentro. Lo moral no es perfecto, es impuesto. El verdadero deleite lo encuentras cuando creas consciencia de tus acciones, así sean errores.

Hace unos días quise experimentar el sentimiento de la hora azul en la mañana. Fue igual de intenso, pero de una manera positiva. Porque lo que vino después de esa atmósfera forrada de azul tenue-oscuro donde somos consumidos por un mar de pensamientos y desesperación, fue la luz del sol. Fue calor, fue distinguir los colores, fueron flores abriéndose a un nuevo día… Fue crear consciencia que puedo pasar la noche más oscura, el purgatorio mental más desafiante, el dolor más profundo y la pérdida más terrible y darme cuenta de que soy terriblemente bendecida. Fue crear una perspectiva mientras los minutos pasaban y la atmósfera cambiaba de que todos los días sale el sol. Fue tener la certeza de que después de la oscuridad siempre vendrá un nuevo amanecer y que este es una nueva oportunidad para reinventarte, para tener una nueva esperanza, para que tus fuerzas quemen como el fuego arde. No me mal interpreten, la noche es hermosa, la luna ve tu alma y quién no le gusta hacer el amor en una noche de luna llena bajo las estrellas. Es hermoso estar en paz con ella. Pero ver el sol salir luego de tanta oscuridad es gratificante, es parecido a un orgasmo y todos sabemos que hasta la persona más atea cree en Dios después de un buen orgasmo aunque dure poco.

Quítate el condón mental que tienes para no dejar que nada positivo entre a tu mente y a tu vida. Si sufres, ponle una sonrisa a tu miseria. Disfruta la amargura del café. Despierta de una vez. Manda a la verga a todo aquél que no aporte nada constructivo en tu vida y sólo juzgue sin saber leerte. Deja de querer ser una dona andante buscando que otra persona te rellene el vacío. Crea las pases con tu soledad. No dejes que el mundo te defina… O sea, Donald Trump es presidente y Ricardo Roselló gobernador, no es racional dejarse llevar por la opinión de la gente. Tú y sólo tu eres dueño de tu historia. Tú y sólo tú te defines. Improvisa. No seas una copia barata de alguien más. Si vas a crecer profesionalmente, busca que también vayas de la mano con tu crecimiento personal y espiritual. No soy perfecta, pero al menos digo lo que pienso siendo sincera y genuina. No busco seguir un molde y tal vez si tan necesarias son las reglas, pues entonces yo voy a crear mi norma.

Quizás hoy no soy lo que quiero ser, pero busco en el presente estar dando pasos firmes para ser alguien mucho mejor de lo que seré.

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Escritos y pensamientos Fragmentos

Gabriela Christina Díaz View All →

Nacida en Puerto Rico, pero soy ciudadana del Mundo. Escribo para vaciar el ruido de mi mente y me llena el corazón que alguien le toque de alguna forma lo que escribo. Pues de nada me sirve escribir si lo que escribo no conmueve un alma. No escribo muchas paradojas porque yo soy la paradoja en sí. Soy un poco controversial en mi manera de expresarme, pero escribo y me expreso de una forma transparente, desde lo más sincero de mis adentros.

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