¿A qué sabe tu sexo desde que me olvidas?

Era un sábado de gloria cuando al fin te tomaste la decencia de escribirme. Total, no fue gloria lo que me dejaste. Yo me quedé ahogada en el suspenso. Mientras te llevabas una parte de mi alma cuando te marchabas. Quise gritarte que te quedaras, que hiciéramos las pases, que nos inventáramos de nuevo; pero fue inútil. Mi respiración se acortaba y esos tres puntitos que salen cuando estás escribiendo algo… Pero nunca dijiste nada y lo seguiste. Y te llevaste contigo cada uno de mis latidos.

 ¿Y yo? Yo me marché con mi botella de whisky favorita. Pero hay algo que no me llevo y te dejo a ti olvidarlo… Te dejo todos nuestros recuerdos que, aunque pocos, fueron tan y tan y tan intensos. Te dejo todos recuerdos que no se hacen con cualquiera. Te los dejo para que de paso te recuerdes de mi madre si quieres… Te los dejo para que recuerdes que en ti mi sexo, mi boca, mi saliva, mi cabello, mis gemidos, mi olor, mis feromonas; dejaron una huella.

Por mi mente pasaron todos los recuerdos de los quinientos ochenta y siete romances fracasados en mi vida. Pero allí me quedé ahogando las lágrimas en una botella de whisky. Cuando salí a fumar un cigarro, un extraño se sentó a mi lado y me dijo “Tienes unos ojos hermosos, brillan como el sol”. Lo que aquél extraño no entendió es que brillaban por todas esas lágrimas que nunca aprendí a derramar. Era domingo de resurrección y mí todo estaba muerto.

Tomé el vuelo, 2 horas esperando y mientras revisaba la maleta me di cuenta de algo que me llevé tuyo, era una camisa pintada por ti que un día me llevé al no encontrar mi ropa en tu cuarto dentro del desastre que causamos la noche anterior. Eso… Eso te lo dejo a ti. Yo partí, y años después aquí me tienes preguntándome
“¿A qué sabe tu sexo desde que me olvidas?”.

Escritos y pensamientos Fragmentos

Gabriela Christina Díaz View All →

Nacida en Puerto Rico, pero soy ciudadana del Mundo. Escribo para vaciar el ruido de mi mente y me llena el corazón que alguien le toque de alguna forma lo que escribo. Pues de nada me sirve escribir si lo que escribo no conmueve un alma. No escribo muchas paradojas porque yo soy la paradoja en sí. Soy un poco controversial en mi manera de expresarme, pero escribo y me expreso de una forma transparente, desde lo más sincero de mis adentros.

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